lunes, 1 de agosto de 2011

¿Qué leo este verano?


No hay nada como tener unos días veraniegos para leer. Qué gustazo. A veces me cuesta decidirme, ¿qué leo este verano?
Cayó sobre mis manos el otro día este ensayo... ¡y cómo he disfrutado leyéndolo! Ahora que los libros de "autoayuda" están tan de moda, no está de más echar un vistazo a estas páginas. No es uno de estos libros de "autoayuda", sino que coloca las bases antropológicas.
Te aseguro que te van a gustar, más de lo que te imaginas. Porque, ¿quién no quiere acertar con su vida?


viernes, 1 de julio de 2011

Un poco de música en Granada

Os dejo el enlace del programa del Festival de Extensión de Granada, que está siendo ahora. Todos estos actos son gratuítos.

http://www.granadafestival.org/fileadmin/descargas/Folleto_FEX_2011.pdf

viernes, 24 de junio de 2011

Una Exposición para no perderse...

El domingo pasado por la mañana fui a una exposición que no hay que perderse... En apenas 25 minutos, te sumerges en el mundo del 7º Arte!!! Es una comparación entre Buñuel y Hitchock. ¡Mucho miedo y suspense!

Está en el Centro José Guerrero, en frente de la Capilla Real.

Y cuando vayas (se acaba el 10 de julio) no te pierdas la vista de la tercera planta!! No te defraudará.

ESCENAS FANTASMÁTICAS.
UN DIÁLOGO SECRETO ENTRE ALFRED HITCHCOCK Y LUIS BUÑUEL


A la vez que contribuyeron a conformar el “lenguaje del cine”, Buñuel y Hitchcock pusieron en escena sus fantasmas en una forma que impregnaría el imaginario de millones de espectadores en todo el mundo. Una mirada atenta a esas escenas fantasmáticas es una mirada a las raíces de la cultura contemporánea.

sábado, 14 de mayo de 2011

Algo de la Segunda Guerra Mundial




Joseph Joffo narra una historia conmovedora basada en sus propias experiencias en la Segunda Guerra Mundial.


¿Sabías que su autor era judío? Pertenecía a una familia judía: su padre era peluquero en París. Con el antisemitismo, Joffo y su hermano habrán de emprender la huída de Francia en busca de la salvación.


Se trata de un libro profundo, y a la vez sencillo de leer. Gustará a todos los lectores que deseen saber del tema, y entretenerse con la lectura.

jueves, 21 de abril de 2011

Una hisotoria que te conmoverá




Hermosamente japonesa:
La fórmula preferida del profesor
Autora: Yoko Ogawa
Editorial: Funambulista
Año publicación: 2008 (2004)


«Una historia de amor, amistad y transmisión del saber...»


Una asistenta, con un hijo de diez años, atiende a un matemático amnésico que tras un accidente sólo es capaz de recordar lo acontecido antes de 1975, o los últimos 80 minutos de su vida.

Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz Cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático…

El profesor enseñará la mejor lección a madre e hijo... el amor por la persona, la importancia que tenemos cada uno.






domingo, 10 de abril de 2011

Uno para adolescentes!!!

Junia Giesler, Michael E., (aut.) Valle González, Ralph del, (tr.) Ediciones Palabra, S.A. 1ª ed., 1ª imp.(11/2003) 144 páginas; 21x14 cm Idiomas: Español ISBN: 8482397893 ISBN-13: 9788482397894 Encuadernación: Rústica Colección: Astor
Junia, la preciosa hija de un senador romano, disfrutaba de lo mejor que la vida podía ofrecerle en la Roma del primer siglo. Era una joven orgullosa y privilegiada, pero también obediente, agradecida y ansiosa por complacer a su familia. Su vida se dirigía con paso seguro hacia el triunfo humano y social pero un suceso inesperado en la vida de su mejor amiga, Marcia, cambiaría también radicalmente la suya. Junia es la exploración novelesca de la vida en los comienzos del cristianismo a través de las vicisitudes de una noble y hermosa adolescente. Nos muestra cómo los atractivos de la nueva religión venían con frecuencia acompañados de la lucha social, la división familiar y el riesgo de una muerte deshonrosa para aquellos lo suficientemente valientes para abrazarla.

domingo, 20 de junio de 2010

Comenzar con... El Quijote

DON QUIJOTE Y SANCHO A SUS AVENTURAS VAN

"¿No será este Sancho algo menos práctico de lo que parece y algo más héroe de lo que se dice? Si buenos son los escudos que le pagan y los pollinos que saca a su amo, buenos palos le cuestan".

Por Ignacio Arellano
Catedrático de Literatura


Todo el mundo sabe que don Quijote es un héroe. Un héroe ridículo, cierto, que no hace nada a derechas. Los tuertos que endereza se quedan más tuertos que nunca, y las injusticias que quiere reparar no hacen casi nunca otra cosa que perjudicar más a las víctimas. Las victorias con las que sueña no parecen llegar: palos y pedradas le rompen los dientes y le bruman las costillas. Pero hace falta valor para salir a enfrentarse con tanto gigante como anda por esos mundos. Y no se diga que es loco, porque esa locura es parte de su heroísmo.
No es poca la voluntad necesaria para transformar el mundo y hacer damas de las prostitutas y mozas de mesón, o para librar a los encadenados: que sean galeotes, asesinos y ladrones, poco importa al loco, que se atiene al deber de socorrer al oprimido. Y si flaquea en algún momento, Sancho le asegura. Maltrecho de los golpes con que los galeotes han pagado su libertad, don Quijote se queja: «Siempre, Sancho, he oído decir que el hacer bien a villanos es echar agua al mar; pero ya está hecho; paciencia y a escarmentar para desde aquí adelante». ¿Escarmentar? ¿Es que don Quijote va a regatear su ayuda a los necesitados a menos que estudie muy bien el expediente administrativo pertinente? Claro que no: «Así escarmentará vuestra merced como yo soy turco» dice Sancho, en una frase que entusiasma a Unamuno en su pretenciosa Vida de don Quijote y Sancho : «¡qué bien calaste, Sancho heroico, Sancho quijotesco, que tu amo no podía escarmentar de hacer el bien y cumplir la justicia verdadera!».

Y no obstante de Sancho no suele decirse que sea un héroe. Se le reconocen algunas virtudes a vueltas con sus defectillos: hombre práctico, interesado pero leal a su amo, algo cazurro y socarrón, buen hombre a fin de cuentas... Pero ¿no será este Sancho algo menos práctico de lo que parece y algo más héroe de lo que se dice? Si buenos son los escudos que le pagan y los pollinos que saca a su amo, buenos palos le cuestan. ¿Y qué hombre práctico e interesado se va a creer lo de las ínsulas y los reinos de la Trapobana, y las dignidades gobernadorescas? Este Sancho es otro loco. ¿O no actúa por interés sino por razones menos materiales? Quizá Sancho sea otro héroe, tanto más heroico cuanto menos blasona de caballerías ni hazañas. Más quijotismo prueba, dice Unamuno otra vez, seguir a un loco un cuerdo que seguir el loco sus propias locuras. Sirve fielmente a don Quijote y con él va en busca de aventuras peligrosas sin echarse atrás a pesar del miedo que a veces le domina. Defiende a su amo ante los enemigos y calumniadores. Sancho no traiciona. ¿Qué más heroísmo cabe pedir a este campesino metido a escudero andante de un botarate como su amo, que piensa que puede enderezar el malhadado mundo de los hombres?

El mayor heroísmo de don Quijote y Sancho no se muestra, sin embargo, en las maravillosas aventuras de los gigantes o molinos de vientos, ni en los ejércitos o rebaños de ovejas, o de los barcos encantados y los Clavileños voladores...Se muestra en su sufrimiento de los políticamente correctos que les quieren volver al buen camino, sacándolos de sus peregrinaciones para reducirlos a la vida de la masa: el ama, la sobrina, Sansón Carrasco, clérigos y barberos... «Válame Dios -le dice su sobrina-, que vuestra merced dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que es valiente, siendo viejo, que tiene fuerzas, estando enfermo, y que endereza tuertos, estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es caballero, no lo siendo... Pero, ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por lana y vuelven tresquilados»... Y nada menos que don Quijote ha de soportar que «una rapaza que apenas sabe menear doce palillos de randas» se atreva a poner lengua y a censurar las historias de los caballeros andantes, y a aconsejarle sensatez al caballero de los Leones. ¡Claro! Es que don Quijote es ya viejo: debería estar jubilado, con doce horas de televisión al día, y dejarse de moler ¡pardiez!, que sus locuras avergüenzan a sus amigos y a su familia y a su patria. Y don Quijote, que será loco, pero hombre cabal y héroe sin mancilla, celoso de su libertad, se sulfura: «Por el Dios que me sustenta -dijo don Quijote-, que si no fueras mi sobrina derechamente, como hija de mi misma hermana, que había de hacer un tal castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el mundo». Y Sancho está de acuerdo. Sancho no quiere a don Quijote retirado, porque hay mucho que hacer, y lo primero cumplir su destino de hombres, esto es, libres, y apaleados y manteados y molidos y asendereados, no quieren encerrarse a ver pasar las iniquidades del mundo, o lo que es peor, a cerrar los ojos para no verlas. Quieren cabalgar a sus aventuras en Rocinante y el rucio compañero. Sansón Carrasco creyó vencer a don Quijote y el mismo caballero creyó morir en su cama, curado de locuras: «Señores -dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno». Pero estaban los dos equivocados. Pues es condición propia de los héroes resistir con tesón y ser inmortales. «No se muera vuestra merced, señor mío -le dice Sancho-, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía». Y don Quijote no se muere. Ni Sancho Panza tampoco: ahí siguen trotando por los caminos, siempre apaleados, sí, pero más vivos que nadie, y sin ninguna intención de meterse en un asilo, a pesar de todos los arrieros y galeotes, duques necios y amas, y clérigos y barberos y entrometidas sobrinas y bachilleres del mundo: lo dijo el maestro Rubén en su Letanía de nuestro señor don Quijote:

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias,
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...
Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
con la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón...
Que así sea.


Publicado en Diario de Navarra, 23 de noviembre de 2002
Publicado en Arvo Net, 29.11.2002